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Tradiciones Navideñas

 
 
   
 

El origen de la tradicional Misa del Gallo

Para los católicos de Occidente y Latinoamérica, la misa que se celebra a partir de la medianoche de Navidad, conocida popularmente como misa del gallo, es la más entrañable y concurrida del año.

En esa noche, la Iglesia conmemora el nacimiento de Jesús, y lo hace celebrando la eucaristía tres veces: a medianoche, al alba y a mediodía.

Esta costumbre tiene su origen en Jerusalén. Allí, se celebraba una misa de vigilia en Belén, luego, al despuntar el día llegaban en procesión a Jerusalén y al mediodía tenía lugar otra misa en la iglesia más importante de la ciudad.

Pero... ¿por qué se llama misa del gallo? Su nombre parte de una antigua fábula que afirma que el primer ser vivo que presenció el nacimiento del niño Jesús en la cueva de Belén y lo comunicó al mundo, fue un gallo.

 

Cuenta la historia que el gallo estaba instalado en lo alto del establo y al presenciar el prodigioso acontecimiento salió rápidamente a pregonar la buena nueva a los cuatro vientos: primero a la mula y al buey, luego a los pastores y a sus ovejas y más tarde a las gentes que vivían en la región

Este orden de aviso dio lugar a las denominaciones populares que han recibido las tres misas de Navidad: la primera es la del gallo o de la aurora, la segunda es la misa de los pastores, y la tercera es la de la gente.

Hasta principios de este siglo, era muy habitual que en las Iglesias se anunciase la llegada de la medianoche de Navidad con un canto de gallo que solía ejecutar un niño del coro, uno de los pastores asistentes a la misa o un gallo de verdad que se llevaba a la Iglesia con ese fin.

   
 

¿Por qué felicitamos en las Navidades ?

Enviar tarjetas de felicitación navideña, los populares Christmas , es un fenómeno reciente. El origen de esta costumbre se localiza en Londres. El primer Christmas destinado a la venta lo ideó John Calcott Horsley , un artista británico.

En el verano de 1843, un acaudalado hombre de negocios llamado sir Henry Colé acudió a Horsley para encargarle el diseño de una tarjeta especial con la que quería felicitar las Navidades de ese año a sus amigos y clientes. Horsley se puso manos a la obra y le presentó meses después un llamativo tríptico.

En los laterales de la tarjeta aparecían dos buenas obras (vestir al desnudo y alimentar al hambriento) y en la parte central se ilustraba a un grupo de adultos y niños en una mesa con abundante comida y bebida. Rápidamente, estas tarjetas de felicitación navideña empezaron a ser conocidas popularmente como Christmas .

Un curioso nombre que nadie le puso, pero que aparecía en la sencilla inscripción que llevaba el diseñado por Horsley : " Merry Christmas and a Happy New Year to you ."

 

Los Christmas no tardaron en hacer furor en Inglaterra, luego en Alemania y, a partir de la primera guerra mundial, en Estados Unidos.

Actualmente, el número de Christmas que cada año se intercambian sólo en Estados Unidos alcanza la impresionante cifra de dos mil millones.

Una última curiosidad: de las mil felicitaciones originales que se imprimieron para Henry Colé, actualmente sólo quedan 12 que pertenecen a coleccionistas particulares.

   
 

El brindis.

Es muy típico de estas fiestas brindar con una copa de cava o champán para desear salud y prosperidad.

Y seguro que en algún momento se han preguntado sobre el origen de esta costumbre.

La tradición del brindis se la debemos a los griegos y a una razón eminentemente práctica: asegurar a los invitados que el vino que iban a consumir no estaba envenenado.

En la Grecia del siglo VI a. c. estaba muy de moda mezclar veneno en

el vino para eliminar a un rival político, a un supuesto enemigo, o sencillamente para esquivar un divorcio.

Era tan frecuente que esto sucediera, que se hizo obligatorio que el anfitrión de la casa bebiera el primer vino que se servía de la jarra, como muestra de amistad.

 

Tuvieron que pasar unos cuantos siglos para que el brindis se hiciese con otros fines. Así, a partir del siglo XV fue cuando se empezó a brindar a la salud de un amigo presente.

En esta época, los brindis adquirieron tanta popularidad que una cena solemne no se consideraba completa sin que los hubiera.

Un duque británico escribió en 1803: "Durante la cena cada copa ha de ser dedicada a alguien. Abstenerse de brindar es una grosería."

En aquellos años, una forma directa de insultar a un invitado a la mesa era omitir el brindis en su honor, lo que constituía una muestra de desprecio